El 27 de abril de 2010, Bety Cariño Trujillo, activista mexicana de 37 años y directora del Centro de Apoyo Comunitario Trabajando Unidos (CACTUS), y Jyri Antero Jaakkola, observador de derechos humanos de origen finlandés de 33 años, fueron asesinados en una emboscada en el camino a San Juan Copala, Oaxaca. Ambos formaban parte de una caravana humanitaria que buscaba llevar ayuda a la comunidad triqui, acorralada por paramilitares. Desde 2022, el crimen quedó en total impunidad tras la liberación de los acusados y encarcelados por el delito del homicidio, por lo que sus familiares anunciaron que llevarán el caso ante la justicia interamericana.
A 16 años del doble asesinato, el Congreso Nacional Indígena (CNI) alza la voz para exigir justicia y denunciar la escalada de violencia contra los pueblos originarios en México: “Han pasado 16 años desde que arrebataron la vida de Bety Cariño y Jyri Jaakkola, y el tiempo no ha sido suficiente para cerrar la herida ni para alcanzar la justicia”.
“Bety, mujer de raíz profunda y palabra firme, sembradora de organización y esperanza; Jyri, compañero solidario que cruzó fronteras para abrazar la causa de los pueblos” fueron asesinados en un contexto de violencia que no ha cesado, “en un país donde defender la vida, el territorio y los derechos sigue siendo una condena”, afirma el CNI.
Hoy, “sus nombres siguen latiendo en la memoria de los pueblos que no se resignan a la muerte impuesta por la guerra. No son un eco perdido en la nada: son presencia viva que camina en cada lucha por la dignidad y contra el olvido”.
México se ha convertido en un territorio donde la memoria es resistencia, “donde la justicia se aplaza, se diluye o se niega para sostener el ciclo permanente de la impunidad”. A 16 años, el CNI sigue preguntando: “¿Dónde está la justicia para Bety y Jyri? ¿Dónde están las garantías para quienes hoy defienden la vida? ¿Hasta cuándo la impunidad será la norma?”
El asesinato de Bety Cariño y Jyri Jaakkola no es solo un crimen del pasado: “es una herida abierta que dialoga con el presente”. Pero también es “la memoria la que nos sostiene. Porque recordar es un acto de dignidad. Porque nombrar es resistir. Porque la justicia no prescribe en el corazón de los pueblos”, reitera el CNI.
Vía Educa






































