Octavio Vélez Ascencio
El 14 de junio del 2006, alrededor de 800 policías estatales y municipales intentaron desalojar el plantón de la Sección 22 del SNTE-CNTE y de organizaciones sociales instalado días antes, el 22 de mayo en el zócalo y en sus alrededores, pero después de una cruenta batalla por las calles recuperaron el control del Centro Histórico.
Fue la apuesta al uso de la fuerza del entonces gobernador Ulises Ruiz Ortiz y de su secretario general de Gobierno, Jorge Franco Vargas, ante el rechazo de la Comisión Negociadora Ampliada de la Sección del magisterio disidente a los ofrecimientos para atender su pliego petitorio.
Alrededor de las cuatro de la mañana, cientos de agentes de la Unidad Policial de Operaciones Especiales
(UPOE) y elementos de línea de la entonces Policía Preventiva del Estado (PEP), así como de la ahora desaparecida Unidad Ministerial de Intervención Táctica (UMIT) de la entonces Policía Ministerial del Estado (PME) y del también desaparecido Grupo de Operaciones Especiales (GOE) del Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez, salieron en convoy de sus cuarteles rumbo al centro de la ciudad.
A eso de las 4:30 horas, el entonces secretario general de la Sección 22 del SNTE, Enrique Rueda Pacheco dio el aviso de alerta máxima a las bases, a través de Radio Plantón, y llamó a prepararse para resistir organizadamente la represión que está operando el gobierno estatal en una actitud irracional.
“Enfrentemos organizadamente esta embestida con la cabeza fría y el corazón ardiente. Preparen trapos o pañuelos, mójenlos con agua para resistir los gases lacrimógenos”, exhortó.
Unos cinco minutos después, los policías, luego de asaltar el hotel del magisterio en la calle División Oriente, ingresaron al plantón por las calles de Bustamante, Las Casas, Armenta y López, Independencia, Hidalgo y Valdivieso, entre otras, para desalojar a por lo menos 40 mil trabajadores de la educación y miembros de organizaciones sociales que ahí se encontraban. Los policías dispararon centenares de bombas de gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes por diferentes arterias.
En las oficinas de la Sección 22 del SNTE, situada en la calle de Armenta y López, los agentes detuvieron a Eduardo Castellanos, Acelo Ruiz y Oziel Martínez, quienes transmitían en Radio Plantón, y confiscaron el equipo de transmisión.
Castellanos, todavía pudo hacer una narración del ingreso de los policías al edificio seccional. “Se oyen bombas, son las cinco de la mañana. Los granaderos se acercan, están entrando al edificio para reprimirnos, se escucha la explosión de las granadas”, alcanzó a decir para después cortarse la transmisión.
Sin embargo, unos 20 minutos después, ayudados por el pueblo, hombres y mujeres, jóvenes y adultos, los manifestantes se reagruparon y se enfrentaron con palos, varillas, tubos y piedras a los policías en las esquinas de las calles de Independencia y 20 de Noviembre; Independencia y 5 de Mayo; Macedonio Alcalá y Morelos; Morelos y 20 de Noviembre; Morelos y 5 de Mayo; Bustamante y Guerrero; Flores Magón y Trujano, entre otras.
Y así, Oaxaca, se convirtió en un campo de batalla.
Mientras los policías disparaban granadas de gas lacrimógeno y pimienta, los manifestantes, cubiertos del rostro con paños mojados, respondían con piedras o con los propios proyectiles que enrollaban en trapos o cobijas mojadas, entonando el Himno Nacional y su cántico “Venceremos”.
El choque fue tan virulento que a los pocos minutos empezaron a caer heridos de los dos bandos.
Cerca de las 7:10 horas, los manifestantes empezaron a retener autobuses del servicio urbano de pasaje para usarlos como proyectiles sobre las líneas de la policía establecidas en las esquinas. Uno de esos vehículos fue llevado hasta el Zócalo donde fue incendiado y chocado frente al Hotel Marqués del Valle.
Otro autobús, también fue echado encimado a los policías en la calle de Independencia. Lo mismo sucedió en las calles de Melchor Ocampo, Xicoténcatl, Guerrero, 5 de Mayo, entre otras.
Aproximadamente a las 7:45 horas, los 40 mil manifestantes se reagruparon casi en su totalidad y empezaror a acorralar a los policías que conforme pasaron los minutos fueron replegados en la Alameda de León y en el Zócalo, debido a la carencia de más proyectiles, esencialmente granadas de gas lacrimógeno.
Policías en un helicóptero de la UPOE, sobrevolaron el Centro Histórico y dispararon granadas en múltiples ocasiones, pero a pesar de eso no pudieron derrotar a los manifestantes.
“¡Señor policía, que lástima me das, teniendo tú las armas, no puedas protestar!”, gritaban.
A eso de las 8:50 horas, los combatientes ya eran miles y procedieron a afrontar la última batalla. Los policías tuvieron que replegarse obligadamente y abandonaron el Zócalo por la calle de Bustamante, después de ofrecer su última defensa. Decenas de agentes de la UMIT, al verse acorralados, dispararon sus pistolas 38 nueve milímetros en contra de los manifestantes sin que se reportara algún herido.
Por su huida desordenada, al menos ocho agentes de la UPOE y de la PEP, se rezagaron y fueror aprehendidos por los manifestantes, quedando retenidos en la Escuela Primaria Basilio Rojas, ubicada a dos cuadras del Zócalo.
“A’i muere, a’i muere, también somos pueblo”, se excusó uno de los policías retenidos. En el repliegue, el subdirector operativo de la PME, Margarito López Aragón también fue retenido y llevado al mismo plantel. Varias patrullas de esta corporación, fueron destruidas e incineradas parcialmente.
Alrededor de las 9:20 horas, después de una cruenta batalla, los policías entregaron la plaza ante la algarabía de los miles de manifestantes. En vez de la consigna que coreaban “¡Va a caer, va a caer, Ulises va a caer!”, empezaron a gritar eufóricamente “¡Ya cayo, ya cayó, Ulises, ya cayó!” y “¡Lo quiera o no lo quiera, Ulises va pa” fuera!”.










































