Hace exactamente 20 años, mientras las familias oaxaqueñas conmemoraban el Día de Muertos, las calles del sur de la capital se convirtieron en un campo de batalla. Piedras, cohetones, barricadas incendiadas, gases lacrimógenos y tanquetas marcaron una jornada que quedó inscrita en la historia de Oaxaca como la Batalla de Todos Santos.